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El Campeón despide la temporada con una gran victoria

 

Fiesta de exaltación de los valores madridistas con la luz y el fuego como

protagonistas

“Formamos un equipo”. El lema que ha acompañado a los madridistas durante la temporada tenía guardado un puesto preferente en la fiesta final del Estadio Santiago Bernabéu. Ha sido proyectado una y otra vez junto al número 31, el número de títulos de Liga que ya tiene el club blanco en su palmarés. Pero no sólo. La luz, el color y el fuego han sido los ejes de una fiesta final llena de emoción en la que se ha representado una alegoría de los valores madridistas sobre el terreno de juego. En ella tampoco ha faltado el reconocimiento de los aficionados a todos y cada uno de los jugadores. Y mucho menos el capote de Raúl, que ha vuelto a torear un año más sobre el césped del Santiago Bernabéu.

Veinte minutos antes del final del encuentro, las gradas del Estadio Santiago Bernabéu eran una fiesta. Las hojas plateadas que ocupaban cada una de las sillas del campo eran lanzadas al aire, al cielo de Madrid, creando un ambiente festivo que servía de preámbulo a lo que vendría después. ¡Campeones, campeones! Era el grito de las 80.000 gargantas que poblaban el Estadio Santiago Bernabéu, mientras la ola hacía saltar a los madridistas de sus asientos.

Cuando el árbitro pitó el final del encuentro comenzó la fiesta del madridismo. “Esta es la fiesta del gran equipo que formamos, el Real Madrid ”, decía el speaker por megafonía. Tras sus palabras, comenzaba un concierto como música de fiesta para un ambiente festivo. Pero antes de nada, lo preceptivo era que todos los miembros de la plantilla blanca recibieran su copa acreditativa como campeones de Liga. Uno a uno fueron pasando todos los jugadores por el palco de honor donde recibían la felicitación de Angel Villar y el abrazo cómplice y cariñoso de Ramón Calderón. Eran las 22:58 cuando Raúl lanzaba al aire de Madrid la Copa de la Liga número 31.

Vuelta de honor de los campeones

De vuelta al centro del campo, los jugadores, emocionados posaban con la merecida copa. La conseguida tras 38 intensas jornadas ligueras y que presidía la ya habitual foto de los campeones. Después, era el momento de recibir el calor del público, ese que se ha mantenido fiel en el ánimo a sus jugadores, y al que, desde megafonía, se daban las gracias. Todos los miembros de la primera plantilla comenzaron entonces una vuelta de honor especial, a la que se han sumado otros protagonistas. Los hijos de Heinze, Salgado, Guti y Codina vivían impresionados la lluvia de papelitos y confeti que caía desde el techo del feudo madridista y los aplausos en honor a sus padres.

Poco después, las luces se apagaron y la noche se hizo más oscura sobre la capital. Luces láser con el escudo del Real Madrid y el número 31 se proyectaban sobre las gradas y el terreno de juego y Arturo Sisó hizo un llamamiento para que los madridistas “llenaran de estrellas el cielo de Madrid” con sus papeles plateados. Un “gracias afición” presidía el terreno de juego y daba comienzo a un espectáculo con cierto aire romano, en el que gimnastas vestidos de blanco – no podía ser de otra manera – representaban una alegoría de los valores del madridismo. Treinta y un balones con un número en su interior se movían en torno al centro del campo y un 31 gigante se proyectaba en el centro . El número mágico de la noche era ese y debía tener un lugar privilegiado. Entonces, cuatro cuádrigas de caballos – humanos, eso sí – llegaban hasta el centro del campo y lo rodeaban mientras una grúa hacía que una jaula descendiera desde lo alto del Santiago Bernabéu para recoger la gran lona blanca que estaba extendida en un extremo del campo. Sobre ella, imágenes de triunfos, éxitos y, sobre todo, madridismo pasaban una tras otra en un resumen visual de una gran liga.

Exaltación de los valores madridistas

Pero el momento culmen del espectáculo estaba por llegar. En cada uno de los corner se desplegaba un detalle representativo de los valores “que han hecho grande al madridismo”: Esfuerzo, liderazgo, señorío y respeto, en torno a los cuales gimnastas con cintas blancas y luces danzaban.

Tras esto, llegaba el punto de la celebración más esperada por el público madridista: el reconocimiento a los integrantes de la plantilla que había logrado alzarse con el título de campeón liguero. Luces y fuego hicieron un pasillo a los campeones que uno a uno corrían hacia el centro del campo mientras el público coreaba su nombre . Era el momento del reconocimiento mutuo de madridismo y jugadores y nadie faltó a él. Uno tras otro llegaban hacia el centro del campo seguidos por un cañón de luz, mientras en los videomarcadores se veía su nombre y algunas de sus mejores imágenes de la temporada. Alrededor del campo llamas de luz eran expulsadas tras el sonido de cada nombre. Iker Casillas fue uno de los más ovacionados de la noche y miles de gargantas coreaban “Iker, Iker” mientras se dirigía a la plataforma colocada en el centro del terreno de juego. Otro que se llevó los aplausos del respetable fue Raúl . Su presencia sobre el césped hizo que el público se pusiera en pie y que los gimnastas que sujetaban las antorchas se pusieran de rodillas. Justo reconocimiento para el gran capitán. El último en salir fue Schuster, tras el cual las bengalas y el fuego llegaban a su máximo esplendor. Y la alegría entre los integrantes de la plantilla también, que se atrevieron incluso a mantear al técnico alemán .

Y traca final

Un castillo de fuegos artificiales y el himno del Real Madrid era la traca final de una fiesta que había comenzado dos semanas antes, tras ganar la Liga ante el Osasuna. Ese era el punto y final de una larga temporada en la que la lucha y entrega había tenido como fruto un campeonato liguero . El número 31, logrado por los jugadores y por su afición, porque tal y como reza el lema del Club, “Formamos un equipo”.

Pero no hay celebración sin capote y Raúl quería seguir con la tradición que dice que tiene que empuñarlo y torear tras cada título. No había mucho público en el campo, pero Raúl era fiel a sus costumbres y daba unos pases como buen torero que es. Fue el epílogo de la fiesta. Ahora sí, ésta llegaba a su fin y con ella la temporada blanca. El próximo año, más.

 

 

 

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